ADORACIÓN REAL, PERPETUA Y UNIVERSAL AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (ARPU)
¡Quiero ser adorado de todos los hombres en todos los Sagrarios de la tierra!
Diciembre 2025
Queridos hermanos de la Adoración Real, Perpetua y Universal al Santísimo Sacramento, queridos amigos, simpatizantes y quienes nos conocéis por primera vez.
El mes pasado concluí la carta con unas líneas de nuestra venerable fundadora y la traigo aquí de nuevo para partir de este testimonio e ir hilvanando la presente reflexión:
«Satanás en su odio a Cristo, cercó entonces de hielo el Sagrario; hielo que se va derritiendo hasta convertirse por la gracia de Dios en hogueras de amor vivo que abrasará al mundo en el amor a Jesús Sacramentado, tal como la gratitud, justicia e interés personal nuestro reclamen… Pero ha de ser muy pronto, porque el mundo se hunde y sólo Dios puede salvarlo, y lo salvará, si le hacemos dulce violencia ante el Sagrario con nuestro amor y compañía, que es sencillamente lo que pretende la obra de Adoración».
Y es que dejando atrás el mes dedicado a honrar y rezar por nuestros difuntos, con todas las preciosas fiestas, solemnidades y memorias de santos, nos adentramos en el mes de diciembre en el que la «ambición desmedida y el frenesí» (Teresa de Jesús) de nuestra sociedad han ido dejando, convirtiendo la Navidad en un paisaje cada vez más helado del pesebre de Belén, en el que la Sagrada Familia, que habita en él, queda con el consuelo de las únicas visitas y amores de los pastores, algún que otro aldeano y de los Magos de Oriente, y con la gran amenaza del rey Herodes y el propio Pueblo Elegido que lo rechaza, como ahora lo rechazamos nosotros con un corazón duro e, incluso, muchas veces acobardado por la culpa de nuestros pecados y la soberbia de rechazar la Misericordia.
Pero queridos, si nos atrevemos a mirar por la ventana veremos que el hielo empieza a derretirse, que las nubes se van disipando, que los niños salen a jugar bien abrigados con las armas de la Fe, la Esperanza y el Amor, la confianza en la Misericordia y la confianza infantil del cumplimiento de las promesas del Sagrado Corazón de Jesús: ¡Reinaré!. Pero esta imagen choca al oír, a través del cristal, convenientemente aislado con un buen climalit de adulta seguridad, las voces de los adultos que regañan a los chiquillos para que dejen el juego y «la tontería», también, por qué no, el «ridículo» y entren de una vez a la comodidad de la casa, al calor de la económica. Pero, he ahí que la alegría juvenil nos empieza a alegrar el corazón, tienen algo que hace que empecemos a sentir… un calor especial y un impulso por salir a «jugar» nosotros también, adultos, a pesar del frío. Mientras, otros siguen en casa en su seguridad y otros comentan incrédulos aquel atrevimiento.
Muchos análisis registran el enfervorizamiento de la sociedad, especialmente en los jóvenes. Algún país protestante como Inglaterra y, creo, Finlandia, registran un flujo en constante aumento de conversiones al catolicismo: hermanos protestantes que asombrosamente empiezan a rezar el rosario y María les vuelve a acercar al corazón Eucarístico de su Hijo.
Y esto es lo que vamos a celebrar este mes, de la mano de María, con la solemnidad de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) y la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe (12 de diciembre), ¿qué mejor modelo estos del cumplimento de: ¡A Jesús por María!? Todo un continente convertido por su mensaje de amor. ¡Viva la Virgen de Guadalupe emperatriz de la Hispanidad! Viva México. ¡Viva la Inmaculada Virgen! que vela por nuestro querído pais, aún hoy, como lo hizo en Empel el 8 de diciembre de 1585. ¡Viva España católica!. María nos lleva a Jesús, nos hace salir a la calle; rosario en mano, nos lleva al Sagrario y nos dice: «Haced lo que Él os diga» (Lc 2, 3), y haciendo lo que Él nos dice somos dichosos en medio de la persecución, de las burlas, del frío; entre quienes miran desde la ventana, su ventana de climalit.
Las lecturas de las misas de la segunda quincena de noviembre, justamente nos han invitado con toda crudeza a ser fieles incluso poniendo la propia vida como testigo de la Verdad. El miedo a ser perseguidos hace que el perseguidor ya haya ganado la primera batalla arrancando la cruz de nuestras almas sin que el corazón sangre. Es verdad, el Valle no va a tener sangre de mártires porque negociamos muy bien con quien no se debe negociar, pero en el Cielo nuestros hemanos mayores mirarán atónitos a los que nos quedamos en casa e incluso apartamos la mirada para que no nos afecte la otra sangre, aquella de los no nacidos, de nuestros abuelos, de las cruces caídas, la Eucaristía profanada. Mientras comemos la «carne prohibida» en casa para mantener la vida, las Vírgenes Prudentes mantienen la llama encendida y esta fidelidad que ilumida la calle enamora a quienes todavía nos resistimos a volar como «mariposas alrededor del Fuego y dejar que nos consuma con su Amor» (Juana Carou, nuestra Fundadora).
Voy terminando. Se acerca el Reinado Eucarístico de Cristo ¿No deberían arder nuestros corazónes en el deseo de que el mundo arda al partir el Pan? (cf. Discípulos de Emaús, Lc 24, 13-35), que arda en ese Fuego del Espíritu Santo que nos mueva a «allanar los senderos del Señor» (Mt 3, 2-3) como Juan Bautista, que nos mueva a salir a las calles a recoger a los «mendigos y desechados» para que vengan al Banquete del Cordero que es el Cuerpo y la Sangre de Jesús (Mt 22, 1-14). Mendigos y desechados no son sólo aquellos que duermen en la calle o albergues y son Cristos Rotos (P. Ramón Cué S.I.); también soy yo mismo que haciendo promesa y consagración a Cristo Eucaristía, Corazón Eucarístico de Jesús, a María Inmaculada, soy infiel a la palabra dada por pereza o desidia o la falta de amor real; soy yo que juzgo la paja del ojo ajeno mientras me alegro y congratulo de la viga del mío; soy yo cuando veo tantos Cristos Rotos, ¡tantos! que me necesitan y miro a otro lado, no soy capaz de mirarlos con amor, de llevarlos a mi oración y a mi corazón.
Propongo que este mes de diciembre hagamos un examen profundo de conciencia para realizar una confesión general antes del 24 de diciembre. La finalidad sea que ese hielo, que se haya podido acumular en la cueva de nuestro corazón y que no permita una estancia amorosa de nuestro Niño Sacramentado, se convierta en agua de manantial, calentita, donde Él pueda jugar, enredar, toquetear a su antojo. Es hacernos niños y salir los primeros a jugar con la nieve, bien abrigados para no enfermar, que quitemos las rudezas de nuestro corazón buscando vivir como Santa Teresita una infancia espiritual, y comenzar enero de 2026 con impulso renovado, manteniendo encendidas las lámparas y así logar que otras muchas «Virgenes que vivan imprudentemente» también ardan, y más almas estén «revoloteando en los Sagrarios abandonados» (imágenes poéticas de Dª Juana) como un ejército de velas que alumbre el mundo para recibir al Novio cuando este llegue.
¡Nos vemos en el Sagrario! Donde se dan cita las almas que se aman; ojalá TODAS, también los Cristos Rotos:
Valero Vilariño García
Vocal del Consejo Nacional y del consejo Diocesano de Burgos
