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ADORACIÓN REAL, PERPETUA Y UNIVERSAL AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (ARPU)

¡Quiero ser adorado por todos los hombres en todos los Sagrarios de la tierra!

Octubre 2026

Carísimo in Corde Iesus:

Nos ponemos en contacto con vosotros fuera del Sagrario, pero no de espaldas a Cristo. Estamos acostumbrados a vernos en el Sagrario, donde nos damos cita las almas que nos amamos, y una vez al mes salimos para saludarnos y llevar a Cristo, o tratar de hacerlo, en estos escritos.

Quería comentar con vosotros el titular de un vídeo que he visto a propósito de la visita del Santo Padre a Francia y, por extensión, también a España: «Plazas llenas, iglesias vacías».

Era ya una sensación de la que se hablaba en los corrillos de las comunidades con las visitas de San Juan Pablo II: había muchos jóvenes, pero a pocos de ellos se les veía después haciendo vida, haciendo Iglesia, en sus parroquias.

Ese titular manifiesta una convicción: «Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles». No es que los Papas se conformen con llenar plazas. Estoy convencido de que en sus visitas sienten cierta amargura al ver que una multitud los acompaña en cada viaje apostólico, pero que muchos de quienes los vitorean no reconocen luego a Cristo presente en la Eucaristía. No enlazan en su mente ni en su corazón que ese sacerdote, ese obispo de Roma, es justamente eso, Vicario de Cristo; y que ese Cristo vivo, operante, amante que no es amado, está olvidado en el Sagrario.

Lo comprobé cuando estuve de voluntario en San Andrés de Teixido, pequeño santuario de Galicia que custodia unas reliquias del apóstol San Andrés. En agosto, el santuario recibe unos 1000 peregrinos al día, y la aldea, unas 1300 visitas diarias. Muchísimos visitan la aldea; menos, al santo; menos aún asisten a misa, y menos todavía comulgan. Muchos pasan a besar la reliquia del santo apóstol; pocos se quedan a adorar a Jesús en el Sagrario.

¿Qué quiero decir con esto? Que nos dejamos llevar por la masa sin ver el origen real de esa marcha. ¿Qué tenía ese pescador de Galilea para que mil personas al día vayan a besar sus huesos secos? ¿No es Cristo, presente en el Sagrario de esa ermita, quien lo llamó hace casi dos mil años, lo formó y le confió una misión? Sí, él fue fiel a los dones recibidos. Pero es la misma disputa que ya reconocía Pablo entre los primeros cristianos: «Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas…». ¿No somos todos de Cristo? ¿Y no vive Cristo en esa cárcel de amor que es el Sagrario?

Pero, para no terminar con una visión catastrofista, contemplemos cómo sí parece haber un tiempo de gracia en el que laicos, sacerdotes y obispos trabajamos unidos para mostrar a la sociedad a este Jesús casi invisible, para hacerlo visible y sensible, invitando a corresponder a Su Amor con amor. Ahí vemos a HWAW, que lleva a Cristo a la empresa y la empresa a Cristo; o a movimientos como Amor Conyugal, que asientan la familia en el Sagrario y la restauran como Iglesia doméstica (¿y qué sería de esa Iglesia sin Sagrario?). Vemos también otras iniciativas que animan a ancianos, jóvenes y adolescentes a crecer cerca de Jesús Eucaristía: las Jornadas Eucarísticas y Marianas de la Juventud, las residencias de ancianos que han promovido la adoración entre sus residentes, y movimientos como el nuestro, ARPU, o la adoración nocturna y perpetua, que buscamos animar a los neófitos, a los recién conversos y a quienes se han acomodado en la fe a volver el rostro al Señor y consagrar la vida a la adoración, a la reparación y al testimonio.

En esta línea se orienta la celebración de nuestro centenario: dar testimonio de todo esto, de unidad; congregar a quienes trabajamos, cada uno según su carisma y en la distancia, pero unidos en el Señor del Sagrario; y demostrar con gestos reales que la Iglesia universal, y en concreto la que peregrina en España, es una Iglesia en Cristo: Cristo crucificado, sí; resucitado, sí; ascendido a los cielos, sí; pero vivo en la Eucaristía y reservado en el Sagrario.

No me extiendo más. Cierro llamando a quienes no se deciden a entrar en un movimiento de adoración, a tomar un turno ante el Santísimo: dad el paso, buscad el movimiento al que os mueve el Espíritu Santo. En esta batalla espiritual es vital estar al servicio del Rey verdadero, del que no puede morir, del que no va a perder. La batalla final se gana de rodillas ante el Sagrario.

Me despido rogando que no le dejemos solo y que trabajemos juntos, que todos seamos uno.

Valero Vilariño García
Vocal Nacional de ARPU

¡Nos vemos en el Sagrario!
Donde se dan cita las almas que se aman