En los últimos meses, nuestra página harecibido un número considerable de visitas desde China. No queremos dejar pasar este hecho sin expresar, ante todo, un sincero agradecimiento. Vuestra presencia silenciosa es ya un signo eucarístico de comunión.
Con este artículo queremos crear un «puente». Una mirada respetuosa y profunda a cómo se vive la fe eucarística en China, y una humilde propuesta de lo que la Adoración Real, Perpetua y Universal puede ofrecer a quienes buscan adorar a Cristo presente en la divina Cárcel de Amor.
La vida de los católicos en China se desarrolla en un contexto particular, marcado por la regulación religiosa del Estado, bajo el gobierno del Partido Comunista de China. La fe no está prohibida, pero sí profundamente supervisada, controlada.
Desde la creación de la Asociación Patriótica Católica China, se ha dado una situación singular: la coexistencia de comunidades oficialmente reconocidas y otras que viven su fe con mayor discreción, manteniendo una relación más directa con la Santa Sede.
Esto ha generado, durante décadas, tensiones, limitaciones y desafíos concretos:
Y, sin embargo, en medio de todo ello, la Iglesia en China no desaparece. ¡Aumenta!.
En China, como en toda la Iglesia, la fe en la Eucaristía es la misma: Cristo está real y verdaderamente presente, tal como definió solemnemente el Concilio de Trento.
Pero el contexto transforma la vivencia personal.
Aquí la fe no puede siempre expresarse públicamente con libertad y la Eucaristía adquiere una profundidad particular, el Misterio se vive con una fuerza de difícil explicació. No es sólo centro litúrgico: es refugio, fuerza y certeza, es el Cielo en la tierra y Jesús es Soberano Justo que da la vida por sus Amigos. Es el lugar de la verdadera libertad.
Cristo, en el Santísimo Sacramento, se convierte en:
Allí donde todo puede cambiar, Él permanece. Es un Rey que no somete sino que se entrega.
La acción de Cristo en la Eucaristía no es abstracta. Se hace visible en la vida concreta de las comunidades.
Muchos fieles continúan practicando su fe en condiciones no siempre fáciles. La Eucaristía es su alimento y su fuerza.
Incluso en pequeños grupos, a veces discretos, la presencia eucarística crea vínculos profundos, auténticos, duraderos.
La evangelización en China no suele ser pública ni masiva. Se da en lo cotidiano:
Cristo actúa desde dentro.
Uno de los aspectos más conmovedores es la forma en que los católicos chinos adoran al Señor.
En algunas parroquias, como en la región de Liao Ning, los fieles se organizan para mantener turnos de adoración al Santísimo Sacramento. Sin grandes medios, sin publicidad, pero con fidelidad.
Su adoración tiene rasgos propios:
Junto a ello, pervive una rica devoción:
Este orar «en secreto» en su realidad más evangélica es el aliento que sostiene a toda la Iglesia.
La Adoración Real, Perpetua y Universal también se fue engendrada y desarrollada en un ambiente de control primero y de persecución después, un ambiente similar al chino con características muy distintas también, ciertamente.
Creemos que nuestra espiritualidad puede ofrecer:
Recordar que la Iglesia es una, y que en cada adorador, en cualquier parte del mundo, late el mismo amor a Cristo. En el Sagrario se dan cita las almas que se aman.
Los textos de la fundadora y los primeros cofundadores pueden ayudar en la devoción privada y comunitaria pero sobre todo los fundamentos que nos definen:
También nosotros tenemos mucho que aprender:
La Iglesia en China no es sólo una Iglesia que resiste. Es una Iglesia que cree, adora y permanece fiel a pesar de las olas que azotan la Barca.
Y en el centro de todo está Quien debe estar: Jesús, y éste, vivo en la Eucaristía.
Cristo no está menos presente en China que en cualquier otro lugar del mundo. Todo lo contrario, allí en el silencio, en la discreción, en la fidelidad cotidiana, su presencia brilla con una claridad especial que ningún regimen puede apagar.
A todos los que nos leéis desde China: ¡gracias!.
Ante el mismo Jesús, Prisionero y vivo en el Sagrario, aunque separados por miles de kilómetros, estamos unidos.
Porque donde está Cristo, estamos todos. Nos vemos en el Sagrario, donde se dan cita las almas que se aman.
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