Voy a mantener esta frase de la entrada del mes pasado: «Dejaremos nuestra huella» ; me sirve para introducir esta nueva entrada y todas las que hago, pues de eso se trata, de dejar huella y la mejor huella es la que pisa, en la playa, la ya hecha del Pescador de Galilea. Si en febrero proponía el testimonion de Chesterton en este tomo uno de casa, Julio Martínez de Mesanza en el artículo de la sección de Ideas de la Gaceta. Podemos reflexionar sobre el amor a la litura clásica griega y latina o la propia del Siglo de Oro y otros temas interesantes pero para nuestro Blog de adoradores me quedo con los últimos extractos de la entrevista que hablan de la religiosidad, la persecución contra la Iglesia Católica y terminar con la reflexión sobre «en qué consiste eso de vivir».
Para un adorador analizar estos temas tiene una trascendencia especial pues , primero, es motivo de llevarlos al Sagrario para meditar, llorar, suplicar por estos temas acompañando a Jesús que es el primero que sufre, llora por nosotros, por cada uno de nosotros hasta el punto de buscarnos «de casa en casa» (P. Ramón Cue, S.J.) aunque muchos cristianos le dejemos solo en esta misión por puro escrúpulo farisaico.
La ARPU sabe mucho sobre esto de las persecuciones de la «Cristofobia», nació en tiempo de las perseuciones liberales, el ambiente prebélico de la Guerra Civil y las persecuciones religiosas, acompañadas de un abando casi total de Cristo en la Eucaristía.
Hoy hay una persecución ilustrada (post guillonita), sibilina pero no menos asesina, como recalca Julio Martínez, reforzada con un silencio complice, o una negociación imprudente con quien no se debe negociar.
«Porque no eres ni frío ni caliente te vomito de mi boca»
El tibio es el peor aliado que puedes tener, la tibieza el estado del alma del que debe huir todo joven (igual que del extremismo ciego). No se trata de: «ni tanto que queme, ni tanto que no alumbre» sino de un fuego que cueza en su punto exacto el puchero de barro para evitar echarlo a perder. Este término medio aristotélico/paulino, es justo lo contrario a la «cobardía disfrazada de prudencia».
Dejar huella y pisar sobre la misma pisada de Cristo no es negar la individualidad sino de reconocer la total dependencia de su acción salvadora, reconocer en Él nuestro posible mérito y mantener la unión en la diversidad en nuestra Iglesia, a pesar de los pecados que tenemos todos sus miembros. Pisar sus propias huellas es renunciar a la sensiblería de ir por caminos donde un falso espíritu nos lleve renunciando a la Tradición, al Magisterio, de forma que algunos pasan por delante de Cristo «abriendo camino», queriendo iluminar la acción de Cristo como en el relato de Mi Cristo Roto, queriendo poner al día a Jesús con las «tecnologías» y haceres de este mundo.
El contínuo conflicto y la contínua tensión necesaria entre el mundo y la Iglesia debería generar un equilibrio que dé Luz a un mundo que por sí mismo y sin Cristo anda en tinieblas (a pesar de que quienes caminan sobre alfombras rojas nos consideren un chiringuito). Ya en algún vídeo que he publicado en la página oficial de ARPU en YouTube, he explicado que el modernismo que se ha colado en las familias, la sociedad, en la Iglesia, que normaliza el aborto, la eutanasia y la ideología de género no es la causa de la propia crisis de la Iglesia sino que la pérdida del fervor eucarístico, el abandono de Jesús en los Sagrarios es la Causa de que el mundo haya perdido la luz. Protestantizar las celebraciones con la inclusión de la Liturgia de circos, colorines, telepredicadores, no sirve para volver a enfervorizar a los que se acercan a la Iglesia hartos del Show del «borracho y el equilibrista» y necesitan certezas que el mundo no puede dar por sí sólo y que Cristo puede proveer con unos minutos semanales de silencio en una iglesia, a solas con Él, en un encuentro sincero.
Si a Cristo le persiguieron, tenemos que estar abiertos a la persecución y no evadirla con conversaciones fatuas, vanas, engañosas con el maligno y quienes le representan en el pulso de poderes de este mundo. Cuando la Iglesia es perseguida es cuando se muestra quién vive como funcionario y quien como discípulo vivo del crucificado, pero no por ser el que más grita sino por ser quien mejor imita a Jesús en la Cruz, lo que no es poner neciamente la mejilla sino de una defensa activa, coherente, auténtica, valiente, amorosa, misericordiosa. Porque no se trata de aniquilar al perseguidor, pues nos volveríamos como ellos, sino que se trata de defender la fe y a los hermanos por encima de mí mismo y orar por el perseguidor porque el primer objetivo es que el pecador se convierta y arrepienta y vaya al cielo con nosotros. Así lo expresa también D. Julio Martínez Mesanza.
Este silencio, volvemos al silencio, es rechazado por los tibios y sin ese silencio no podemos enfrentarnos a la pregunta que se hace en algún momento toda la humanidad: «¿Qué es eso de vivir?». Tenemos toda la vida para ir descubriendo que al atardecer de la vida se nos examinará del amor, pero no seamos como aquellas vírgenes imprudentes que pensando que tenían aceite suficiente en sus lámparas para esperar al Esposo, dejaron de preguntarse por el sentido y duración de su espera, hasta que, titilantes, sus lámparas sucumbieron al pánico de una vida acomodada y, con la llegada sorpresiva del Novio, se encontraron la puerta cerrada.
Formarse es obligación de todo cristiano y especialmente de los jóvenes, llenar las lámparas con el aceite de buenas lecturas , de una formación humana sólida (primero el hombre y después el santo), una relación cercana e íntima con Jesús presente en la Palabra de las Sagradas Escrituras, en los hermanos probres, enfermos, los escandalizados pero, primordialmente en la práctica de los sacramentos, en especial en el de la Misericordia (confesión) y en la Eucaristía (acutalización universal de su Redención y presencia real, perpetua y universal).
La Adoración es el mejor aceite, es disfrutar del Banquete del Cielo aquí en la tierra y así lo reconoce la Iglesia a lo largo de los siglos, regalando al adorador extraordinarias indulgencias plenarias y temporales. La Adoración es la Universidad en la que el Magister es Cristo, que siendo Dios no puede engañarse ni engañarnos.
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