«Dejaremos nuestra huella» es un lema que movió a las juventudes mexicanas de mediados del S. XX, momentos en que la fe había sido reprimida con las armas y estaban en una «paz tensa», una guerra fría en la que se dinamitaban monumentos religiosos, como hoy quieren hacer en España.
Jóvenes que estaban decididos a ser protagonistas en los dos sentidos de la palabra, el moderno y el clásico, esto es el protos (primero) agon (lucha, muerte), el primero en luchar y el primero en morir.
Así los jóvenes miran la fe desde el campo de batalla no desde la trinchera. La fe no es refugio sino fuerza y motor para construir, para caminar, para dar la batalla espiritual.
1. La Adoración Real Perpetua y Universal al Santísimo Sacramento es una respuesta coherente para una fe adulta. Es una forma madura de vivir la fe en la que dejamos de buscar emociones y decidimos organizar nuestras vidas en torno a Cristo presente en el Sagrario. No es multiplicar palabras, muchas veces pasamos desapercibidos porque estamos solos ante Cristo abandonado en el Sagrario.
Es parte de la lucha, como nos recordaban nuestros cofundadores: » la Iglesia se sostiene cuando Cristo no se queda solo. La adoración constante es el latido oculto que mantiene vivo el Cuerpo Místico, la Iglesia.
Es una propuesta seria para los jóvenes de hoy que quieren desgastarse en causas que valgan la pena, no discursos buenistas. La ARPU propone una realidad radical y simple: Estar de rodillas con Cristo para sostener el mundo.
2. Jóvenes que oran en público: Fe sin complejos
Así el Sagrario se «convierte» en el lugar donde el cristiano:
No se propone una espiritualidad intimista y escondida, pero es el motor que da ímpetu para realizar las obras que vemos: jóvenes que salen a rezar el rosario a la calle, procesiones eucarísticas en las que ellos son motor y Cristo protagonista, jóvenes que hacen vigilias públicas de adoración en plazas, universidades y barrios.
No es exibicionismo, es que la fe no se esconde: «No se enciende una lámpara para ponerla debajo del Celemín» (Mt 5,15).
La Adoración Real Perpetua y Universal no encierra al joven en la capilla sino que lo forma en la capilla, ante el Maestro de Galilea, para enviarlo a la misión. Pues el que aprende a estar con Cristo en silencio, luego habla con paz y actúa con firmeza y está dispuesto a ir el primero a la lucha y a la muerte, como tantos y tantos jóvenes a lo largo de la historia del cristianismo.
3. Amor a la Iglesia sin ingenuidad: La lección de Chesterton
Chesterton es un modelo potente y serio para los jóvenes de hoy. Hay que leer y estudiar a este hombre de Dios. Es audaz sin violencia, crítico sin cinismo y ama a la Iglesia sin idealizarla pues la reconoce santa y, en su propio pecado, ve su flaqueza. Defendía la verdad profunda de la Iglesia consciente de los pecados de los cristianos y propios.
“El amor a la Iglesia no consiste en cerrarle los ojos a sus defectos, ni en fingir que el mundo es perfecto, sino en reconocer sus heridas y aun así comprometerse con ella. Amar lo que es grande, aunque incompleto, requiere coraje; es la marca de la audacia cristiana, que sabe discernir lo eterno en medio de lo temporal.”
(Chesterton, espíritu de The Everlasting Man)
No huyó cuando surgieron las contradicciones, estos mismos pecados le hicieron quedarse para amar mejor:
«La forma de amar algo es darse cuenta de que puede perderse».
Nuestra actitud ante las llagas de la Iglesia no nos debe llevar a ser beligerantes ante ella, sino responsables como hijos, queriéndola en sus heridas que son nuestras o nuestras heridas son las suyas. La soñamos transfigurada como la Jerusalén celeste (Ap 21, 2). Debemos ser como el hijo mayor de Noé que, cuando lo vió desnudo y borracho, no se burló como los otros hermanos sino que tapó sus vergüenzas y lo llevó a descansar. Este hijo no ignoró el pecado de Noé sino que lo trató con amor y lo honró como hijo.
No se rompe la casa cuando está antigua sino que se repara desde dentro para que continúen creciendo las futuras generaciones.
4. «Arremangarse»: fe que construye
Chesterton llama a la acción heroica ante la pasividad de un mundo incoherente. El joven católico debe reconocer que la fe que profesa y que ha recibido gratis necesita de su intrepidez y valentía «para que otros muchos crean» (Jn 19,35), porque en nosotros se cumplen las profecías.
“El cristiano no debe solo aferrarse a la vida, porque eso sería cobardía, ni esperar la muerte, porque eso sería suicidio. Debe buscar la vida con un espíritu de furiosa indiferencia ante la muerte; debe desear la vida como agua y beber la muerte como vino.”
— Orthodoxy
No es tiempo para espectadores sino tiempo de «arremangarse», diseñar estrategias y trabajar codo con codo desde la humildad pero también desde la astucia, expulsando la rabia que deforma las buenas intenciones, reconociendo nuestro pecado para no caer en una cierta superioridad moral, siendo chorentes con nuestra vida sacramental, guardando un tiempo a la semana para la adoración, para el servicio, la caridad y sin miedo a la presencia pública.
San Juan Pablo II nos arengó a «no tener miedo de ser los santos del nuevo milenio»; y los santos eucarísticos nos recuerdan que la adoración no aisla, sino que alimenta para el envío.
De rodillas ante Jesús, en su prisión de amor (Dª Juana Carou) nace el cristiano y se inflama de amor por Cristo y el mundo habriento de Él.
5. Dejaremos nuestra huella. No por gritar más fuerte sino por permanecer fieles cuando nadie aplaude y cuando parece que lo más «sensato» es preservar las fuerzas y la vida. Pero la fuerza la encontraremos de acompañar a Cristo en el Sagrario, donde está tan olvidado. Siendo fieles amando a la Iglesia cuando no es cómodo amarla, besando aquellas llagas que le afean la cara, que son mis propias heridas abiertas. Por salir a la calle, rosario en mano, paz en el corazón y verdad y misericordia en la boca.
Chesterton apostilla: «El cristianismo no ha sido probado y hallado insuficiente sino que ha sido hallado difícil y no probado».
La vocación a la Adoración Real Perpetua y Universal es difícil, si fuera cómoda no vendría de Dios. Por esto precisamente vale la pena. En la adoración, en las visitas frecuentes a Jesús en la Eucaristía se forjan cristianos con columna vertebral, de rodillas ante Cristo se templa el carácter y se aprende a amar, el Sacrificio de Jesús Hostia y crucificado, a la Iglesia y al mundo, sin ingenuidad.
Y así, sí: DEJAREMOS NUESTRA HUELLA.
Sacerdotes para el Reino Eucarístico Fe, amor y reverencia: lo que los fieles pedimos a…
Héroes de hoy: jóvenes valientes con corazón eucarístico.
Los Retiros Espirituales son medios de perseverancia que sirven para hacer un alto en el…
Nunca flaqueó bajo el peso de la cruz, que culminó con el glorioso martirio. P.…
[...] La dedicación a los mártires españoles de la persecución religiosa en el siglo XX,…