ADORACIÓN REAL, PERPETUA Y UNIVERSAL AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (ARPU)
¡Quiero ser adorado por todos los hombres en todos los Sagrarios de la tierra!
Junio 2026
Queridos Adoradores:
Que el AMOR de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones nos llene de paz y alegría.
Conscientes de nuestra pertenencia, como hijos de un Padre que es AMOR, y en su amor nos crea, redime y santifica, no podemos más que rendirnos ante el AMOR y adorarle desde lo más profundo de nuestro ser, donde nos habita.
Jesús nos dice: “Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn 14, 23).
Terminamos de vivir un tiempo de gracia, el tiempo Pascual en el que sólo se respira entrega, amor y misericordia, es lo que constituye nuestra historia de salvación: el Padre que nos crea por amor “a imagen y semejanza suya”.
Así pues, todo surge del AMOR, el amor de un Dios enamorado que para rescatar a sus hijos perdidos es capaz de entregar a su propio Hijo. “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).
El amor que se hace entrega en su propio Hijo, es el amor que se humilla lavando los pies de sus discípulos, el amor que sana, libera, dignifica. El amor que acoge, respeta, acompaña, el amor que salva. “El amor que no es amado”.
Y aquí todo comienza con un SÍ. El sí del Hijo al Padre: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” y el sí de María: “Hágase en mí, según tu palabra”. María la que guardaba todo en su corazón.
Hemos celebrado Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, promesa del Padre y del Hijo.
“Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa…” (Jn 16, 7 – 13)
María la Virgen de Nazarez está colmada de Espíritu Santo. “Alégrate María el Señor está contigo”.
En la Encarnación tuvo un Pentecostés personal y privilegiado. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el que ha de nacer será llamado Hijo de Dios” (Lc 1 -35).
María, la llena de gracia, esclava del Señor, humilde y creyente, con la efusión particular del Espíritu Santo es impulsada al servicio de Dios y los hermanos.
Nosotros que hemos sido elegidos por el Señor “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca…” (Jn 15, 16) hoy tenemos que cuestionarnos si hemos nacido del agua y del Espíritu y somos conscientes de nuestro Pentecostés.
Si nos dejamos guiar por el Espíritu como Adoradores en el carisma y la misión a la que hemos sido llamados, para adorar a Dios en espíritu y en verdad y ponernos al servicio de los hermanos.
“Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes… y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28. 19 -20).
Así es, no sólo ha querido quedarse en lo más profundo de nuestro ser, sino que lo tenemos Vivo y Resucitado en la Eucaristía y en el Sagrario, donde estamos llamados a adorarle, acompañarle y dejarnos convertir en Él, “ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí” dirá S. Pablo.
Por tanto, como hijos amados del Padre, creados a su imagen y semejanza, estamos llamados a ser amor para los demás, a ser imagen de Cristo Vivo y Resucitado siguiendo sus pasos, haciendo vida en nosotros su Palabra y su mensaje, teniendo como modelo a su Madre María, Madre nuestra y Madre de la Iglesia.
Un abrazo en Jesús Eucaristía.
Claudina Rodríguez Prieto
Vice-delegada Nacional y Delegada Diocesana de Valladolid de la ARPU.
