ADORACIÓN REAL, PERPETUA Y UNIVERSAL AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (ARPU)
¡Quiero ser adorado de todos los hombres en todos los Sagrarios de la Tierra!
Septiembre 2026
“MEMENTO, Adorador”: Acuérdate de que en este mes…
Éste es el título de uno de nuestros apartados en nuestras publicaciones mensuales, además de las ya consolidadas Cartas y Noticieros. Se trata de “memorare” o “recordare” para traer a la memoria y al corazón acontecimientos, efemérides, aniversarios, fiestas principales, avisos, normas de funcionamiento de la ARPU, medios también de formación y animación que nos ayuden a coger y asimilar más y más el “espíritu” y las “normas” de nuestro precioso carisma.
I. Efemérides:
12 de septiembre de 1876: Nace D. José Llés Segarra en Benavent de Segrià (Lérida) — bautizado el 12 de septiembre de 1876, «en los once y doce de Septiembre» según su fe de bautismo.
24 de septiembre de 1925: Llegada a Barcelona de las Religiosas Jerónimas de la Adoración en su viaje desde México.
25 de septiembre de 1928: En San Bartolomé de las Torres, Huelva, primera visita del P. Ángel de Urrutia a Dña. Juana Carou: una impresión inicial menos favorable, al llegar y encontrar la escuela cerrada y desordenada, se transforma al conversar con ella en el reconocimiento de su humildad — episodio conservado con sencillez en la documentación de la Obra, sin ocultar sus aristas humanas «tenía a su hijo Rodrigo muy enferno, no había podido dormir en toda la noche»…
27 de septiembre de 1936: Martirio de D. José Llés Segarra, cofundador, párroco-arcipreste de Gijón, fusilado al amanecer del 27 de septiembre de 1936, en la persecución religiosa. Cofundó la ARPU con Dña. Juana Carou; fue su director, propagandista y confidente espiritual. Un periódico de Gijón lo recordó en 1939: «piadosamente pensando, escalaba las alturas de la Gloria celestial».
Nota: la ARPU no rehúye estos episodios menos favorables de sus figuras fundacionales. Presentar a los santos sin humanidad los aleja del ideal de santidad al que todos estamos llamados: la santidad no es ausencia de fragilidad, sino el itinerario —a veces con tropiezos— hacia la caridad.
II. Espiritualidad de la Adoración Real Perpetua y Universal
La Santa Misa, Sacrificio eucarístico.
8. ¿Cómo participar en la misa?
3.2.4 La Comunión sacramental
3. Será muy provechoso hacerse estas preguntas y meditarlas para el tiempo de comulgar como un «Adviento» real, amoroso, esperanzador: ¿Quién viene, de dónde, a quién, a qué, por qué y cómo viene Jesucristo a nosotros? Se las hacía antes San Bernardo²³
Asimismo, pensar cómo tratar a nuestro Señor Sacramentado, como de familia, con santa familiaridad: Él es padre, hermano, amigo, esposo, pero también con aprecio, respeto y reverencia sumas: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa»; ¡es el Señor, el Maestro, el Rey, el Médico divino: Dios!
Como Médico: «no necesitan de médico los sanos sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que se conviertan» (Lc 5,31-32). Cierto que hay sacramentos que son como propia y específicamente medicinales: La Penitencia, la Unción de enfermos, pero ¿cómo no lo va a ser –de alma y cuerpo– la Comunión si es recibir al mismo Cristo, no ya sólo tocar la orla de su manto como la hemorroísa? Anunciaba el profeta Isaías que «en sus heridas seríamos curados» (Is.53,4 y s.s.), pues en la Eucaristía renovamos ese mismo Sacrificio y participamos de él por la Comunión. Le decimos con frecuencia: «dentro de tus llagas escóndeme». Además todos los sacramentos tienen su centro y se orientan o derivan de la Eucaristía que actualiza el misterio pascual (cf. Ecc. de Euch. nºs. 2,3-5, 11). De hecho, los autores espirituales y Santos Padres le han tratado así a Jesús y en concreto en la Eucaristía como medicina.
²³ Cf. A. Manjón, Visitas al Santísimo Sacramento, n. 122, pp.155-156; cf. S. Bernardo, Sermón sobre los seis aspectos del Adviento, 1.
Del libro: “LA EUCARISTÍA AL RITMO DEL TIEMPO Y DE LA VIDA DEL CRISTIANO” pág. 49 y 50, de D. José Luis Esteban Vallejo.
Manual del adorador de Jesús Sacramentado en la Adoración Real, Perpetua y Universal (ARPU): doctrina-oración-práctica.
III. De las cartas de nuestra fundadora Dª Juana Carou Rodríguez
2ª carta, con algunas poesías originales de Doña Juana — Huelva, 7 de enero de 1925
Sr. Arcipreste de Àger. Respetable Padre: en vano intentaré describirle la alegría y regocijo que me causó su atenta carta, pero usted, que conoce estas alegrías espirituales, lo comprenderá perfectamente. Como usted me pedía, fui al Sagrario para que el Señor me dictara lo que tenía que escribirle, a fin de que todo contribuyera a su mayor honra y gloria. Ante todo debo manifestarle que soy una pobre maestra nacional, viuda, y un hijo de quince años, y no tengo más que mi sueldo. Sin embargo, no siendo nada, impulsada por Jesús Sacramentado, hace muchos años que acaricio la idea de fundar una institución religiosa que dé a Nuestro Señor Jesucristo el culto que le debemos en el Santísimo y Augusto Sacramento de su Amor. Desde el primer instante la Obra me pareció fácil por dos razones: una porque su proyecto no presentaba grandes dificultades, y otra porque para Dios no hay imposibles. A pesar de esto, iban transcurriendo los años y yo veía con disgusto que la Obra no se fundaba. ¿Qué hacía falta? Pues sencillamente nada, solamente almas enamoradas del Santísimo Sacramento que quisieran consagrarse a Él perpetuamente para tributarle adoración constante. Dentro del pequeño círculo en que me encerraba la obediencia a mi director trabajaba cuanto podía sin conseguir nada. ¡Ah! Si me hubieran dado permiso, hubiera ido de puerta en puerta mendigando amor para Jesús Sacramentado. Hubiera dado conferencias, hubiera hecho locuras, porque era tanto el fuego que me abrasaba, que era capaz de todo lo que fuera necesario para la Obra. Me dice usted en la suya que sea franca con usted; pues bien, voy a serlo, le escribiré como si fuera mi director.
Era un día del mes de mayo de 1907. Oraba yo en mi habitación cuando se me apareció el Sagrado Corazón de Jesús y me dijo estas palabras: “Hija mía, quiero que me den culto en el Santísimo Sacramento”. Figúrese usted cómo me quedaría; me conmoví de un modo profundo y mis ojos se llenaron de lágrimas. Pensé instantáneamente si sería ilusión, mas, temiendo fuera realidad, me arrodillé y le adoré. Desde entonces empecé a cavilar sobre aquello, y a querer cumplir lo que Jesús me había manifestado; primero por voluntad, después por temor a que me castigara si no lo hacía; y después de muchos y grandes trabajos se lo manifesté a mi director. Enseguida me dio permiso para buscarle almas que le adorasen espiritualmente, porque realmente en el Sagrario, como yo quería, era imposible. Me conformé, y empecé lo mandado. Larga es esta historia, por tanto, cortaré; y si usted quiere conocerla toda, poco a poco se la escribiré. Desde el primer instante sentí en mi alma una satisfacción como nunca jamás había sentido. ¡Qué gozo! ¡Qué alegría! ¡Qué dulzura! Sentí en mi alma cuando presenté a Jesús Sacramentado el primer coro de almas que le adorasen espiritualmente. ¡Cuántas y cuán dulces promesas me hizo Jesús Sacramentado! Pasaron dos años y, habiéndose formado en Huelva una obra que yo creí daba al Señor lo que Él deseaba, suspendí mi trabajo y entregué la lista de las socias al director de ella. Mas poco después volví otra vez a pensar sobre la misma. No era esta la que yo quería, no se satisfacía mi alma con aquella obra; yo deseaba para Jesús Sacramentado una adoración real y constante, pero como esto no podían hacerlo los seglares porque se lo impedían las obligaciones propias de su estado, necesariamente debían ser religiosas las personas que se dedicaran a la Adoración de Jesús Sacramentado como yo deseaba. Esta idea, que fue como una consecuencia natural de lo ocurrido, se aumentó con cosas extraordinarias y fue tomando tanta fuerza, y creció tanto, que, temerosa de que Dios me castigase si no se lo manifestaba a mi director, se lo dije a este.
¡Nos vemos en el Sagrario!

